Nos
encontramos ante esta catedral que se alza por encima del viejo caserío de la
ciudad de Florencia. Se trata de una de las obras claves en la época del
Renacimiento y cuya construcción fue decisiva para colocar a Florencia como el
núcleo artístico y cultural de este período histórico asentando de esta manera
el Quattrocento italiano.
Históricamente, la
catedral sobre la que se erigió la catedral sobre la que se erigió la cúpula
data de 1291 y es una construcción gótica edificada por Arnolfo di Cambio en la
cual también colaboró Giotto en la elaboración del campanile exento en 1331. Esta
catedral La catedral está construida como una
basílica, con una nave y dos pasillos, en cruz latina. La nave y los pasillos
están divididos por anchos arcos angulares con columnas compuestas, dividiendo
la nave en cuatro galerías cuadradas. En su interior también guarda la
de Dante y la Divina Comedia realizada por Domenico di Michelino o los bustos
de Giotto y Brunelleschi para homenajearlos y agradecerles su aportación.
En
1418 la catedral estaba inacabada y la Corporación de la Lana decidió convocar
un concurso tras el cual se seleccionaría el proyecto mediante el cual se
alzaría la cúpula sobre el crucero ya que la el espacio sobre el crucero era
inmenso y su recubrimiento con un complejo sistema de cimbras de madera y
andamiaje que aguantase el peso de la cúpula sería muy costoso.
Filipo
Brunelleschi, un genial arquitecto, salió vencedor de este concurso habiendo
tenido que rivalizar con el mismísimo Lorenzo Ghiberti (aunque a este último lo
que le consagrará como artista reconocido mundialmente será su escultura).
Brunelleschi
nació en 1377 y fue el ejemplo indudable de hombre del Renacimiento por su gran
versatilidad y dominio de múltiples artes. A pesar de que su faceta más
conocida sea la de arquitecto, también desempeñó trabajos de orfebrería,
ingeniería e invención, entre otras cosas, de la perspectiva moderna gracias a
sus conocimientos científicos de geometría y matemáticas. Medida, proporción y
razón, son el fundamento de su arquitectura. Fue uno de los artistas que más
trabajó para convertir la imagen de Florencia como Nueva Roma. A sus espaldas
lleva otras obras como la basílica de Santo Spirito o la capilla Pazzi que
integraron y embellecieron el corazón de Florencia.
Pero
retornando a la cúpula, la victoria de Brunelleschi fue compartida con
Ghiberti, no obstante, se trataba de una mera formalidad ya que fue Filipo el
que acabó asumiendo el mando del levantamiento de la cúpula. Además, podemos
destacar la importancia que tuvo Brunelleschi en la configuración del nuevo
papel del arquitecto durante esta época, más intelectual que artesano.
El
arquitecto mostró su ingenio y astucia al diseñar un modelo de cúpula muy
innovador: sin cimbras de madera concibiendo así una doble cúpula, interior y
exterior, de perfiles apuntados usando ladrillos huecos en forma de espina de
pez en forma de 24 nervios. De este modo, había creado un espacio vacío entre
ambas con un sistema de vigas de refuerzo que recorren el armazón
horizontalmente entre los nervios. Dicho vacío aligera casi un tercio el peso
total, igual que las dos galerías que resolvían el problema del acceso a la
linterna. La genialidad de esta idea residía en el hecho de que la cúpula se autosostenía
mientras se montaba; se cerraba a medida que iba subiendo. Esta idea aunque
original, toma influencias del arte gótico y la técnica constructiva de las
cúpulas bizantinas por el empleo de contrafuertes y materiales ligeros, y sobre
todo del Panteón de Agripa y en los templos romanos. De ahí que esta cúpula se
base en el sistema constructivo romano realizado a base de grandes anillos
concéntricos de vigas de madera unidas entre sí por barras de hierro que van
sucediéndose en altura.
Técnicamente, la cúpula es de perfil apuntado y de planta
octogonal. Su punto más alto alcanza una altura sobre el suelo de 114 metros y
el diámetro mayor de 41,7 metros. Se empleó esencialmente ladrillo, piedra y
mármol ya que una de las ventajas que poseía la idea de Brunelleschi frente a
sus contrincantes era la apuesta por la ligereza y la austeridad en el uso de
los materiales, pero sin renunciar a la magnificencia que luego adoptaría la
obra.
El sistema de cúpulas resulta en la superposición,
sirviendo externa en arco apuntado de contrafuerte a la interna dado que a las
cúpulas apuntadas suelen abrirse por la cúspide y sus extremos ejercen un gran
impulso hacia dentro. La combinación de ambas permitió contrarrestar el empuje
horizontal de la cúpula semiesférica con el peso. Unió estas dos cúpulas
mediante costillas en los ángulos y rodeó la cúpula interior con grandes
anillos de vigas de madera entrelazadas entre sí con barras de hierro.
Por una parte, el cascarón interno tiene una forma
semiesférica, el exterior era apuntado, dividido en ocho partes triangulares
divididas por nervios exteriores. Son vistos desde afuera y su función es la
puramente ornamental, por lo que los nervios que aguantan la cúpula no se ven
ni desde el interior ni el exterior. Definen los ocho triángulos rompiendo con
el monocromatismo y dándole volumen y consistencia.
El tambor octogonal sobre el que se alza la obra está
revestido con placas de mármol de colores blanco, verde y rosado. En las ocho
caras que rodean la cúpula (en cada una de ellas, un vano llamado óculo, otra
referencia a la arquitectura romana) podemos apreciar más color gracias a que
están cubiertas con tejas rojas. Es importante destacar este cromatismo porque
se abandona la frialdad arquitectónica de épocas anteriores como una
reminiscencia a la original concepción policromada de los templos clásicos.
Su aspecto esbelto y estilizado se debe a la curvatura de
los nervios que la recorren ascendiendo hacia la cúspide y en esta unión
aparece la linterna de 16 metros y se convierte en el punto de fuga de una obra
que se sitúa a una altura superior a la del resto de las edificaciones
florentinas de la época. Hasta entonces no era habitual la presencia de
linternas y si las había, eran de pequeñas dimensiones.
La construcción de la linterna no estuvo exenta de
polémica, ya que la idea inicial de Brunelleschi para ella no fue aceptada y
volvió a convocarse un concurso que irónicamente ganó Brunelleschi (y en el que
volvió a competir con Ghiberti). La construcción de la linterna se puso en
marcha en 1446, unos meses antes de la muerte de Brunelleschi que nunca vería
finalizada su obra, y se prolongó durante 25 años, hasta que en 1461,
Michelozzo la completó.
La construcción de esta cúpula marcó el inicio del
Renacimiento situando a Florencia como la Roma del Imperio, el núcleo artístico
y cultural durante el incipiente humanismo. Esta cúpula transcendió y sigue
trascendiendo en el tiempo por su magnitud y su esplendor que se convirtió en
el símbolo de orgullo del pueblo florentino, que asimismo ha sido considerada
unánimemente como perfecta.
La cúpula tendrá un enorme éxito y será muy imitada
durante el Renacimiento, dentro y fuera de Italia. Así, estos son los modelos
que se inspiraron en ella: Miguel Ángel la tomó de ejemplo para su cúpula del
Vaticano. Posteriormente, tanto en Europa como en América, se realizarán otras
cúpulas siguiendo el modelo de Brunelleschi como la cúpula de la catedral de
San Pablo en Londres y la del Capitolio de Washington.
Brunelleschi
fundió en su obra el arte los logros de la arquitectura romana (los óculos y la
cúpula) con el arte gótico (la forma apuntada) para que además estuviese en
armonía con el resto del monumento.
Incluso
a pesar de tratarse de una catedral cristiana, lo que destaca de ella es su antropocentrismo,
el individualismo y el carácter personal que Brunelleschi insufló en ella dando pe de este modo a una esplendorosa etapa donde la fe del hombre se reafirma con su
propia existencia.
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